La distinción entre lo que excita como fantasía y lo que uno querría vivir realmente es una característica muy interesante de la sexualidad humana.
Los humanos tenemos una alta y desarrollada capacidad de representar situaciones que no están ocurriendo, observarlas desde fuera y atribuirles significados.
Una fantasía puede funcionar como una especie de simulador mental. Puedes imaginar una situación, sentir excitación y, al mismo tiempo, saber perfectamente que también reflexionamos: «Me excita como fantasía, pero no quiero que me ocurra». Parecido a sentir entusiasmo por una película de terror sin querer encontrarte con el asesino. La emoción es real aunque el escenario sea imaginario.
En sexualidad esto se vuelve particularmente potente porque intervienen sistemas relacionados con recompensa, algo nuevo, emoción, imaginación.
La fantasía permite eliminar las consecuencias: en la imaginación puedes experimentar algo sin pagar el precio de hacerlo realidad. No hay embarazo, rechazo, dolor, vergüenza, consecuencias sociales, pérdida de control, etc.
Esto es algo muy humano: una parte del erotismo parece estar relacionada con acercarse mentalmente a aquello que normalmente está prohibido, restringido o socialmente controlado. El tabú puede aumentar el valor psicológico de algo.
Cuanto más nos dicen que algo no debería excitarnos, más interesante puede resultar explorarlo mentalmente. No quiere decir que cualquier tabú sea excitante para cualquiera tampoco; significa que la prohibición puede convertirse en parte del significado erótico. Y esto podría ayudar a explicar por qué una persona puede sentirse atraída por una fantasía que contradice completamente la imagen que tiene de sí misma.
En las mujeres esto tiene una dimensión cultural especialmente interesante. Durante siglos se ha construido una imagen de la mujer como objeto deseado, pero no necesariamente como sujeto que desea. Es decir: «La mujer es deseable» ha sido mucho más aceptado culturalmente que «La mujer desea intensamente, selecciona, imagina, fantasea y busca aquello que le produce placer».
Por eso una mujer puede experimentar una tensión psicológica entre «Esto me excita muchísimo» y «Esto no encaja con la mujer que creo que debería ser». Y esa contradicción puede producir vergüenza.
La fantasía sexual no es necesariamente una declaración sobre la identidad de la persona. Una fantasía puede decir: «Mi cerebro encuentra estimulante esta combinación de elementos», sin decir: «Esto define quién soy». Por eso alguien puede tener fantasías muy dominantes, violentas, románticas, homosexuales, heterosexuales, de poder, de vulnerabilidad, de exhibición, etc., y que ninguna de ellas constituya necesariamente un deseo literal. La sexualidad humana tiene una capacidad extraordinaria para convertir ideas, símbolos y emociones en estímulos eróticos.
Por eso quizá sea más adecuado hablar de una transformación de significados en excitación. El cerebro no responde únicamente al estímulo físico; responde también a lo que ese estímulo representa. Y precisamente ahí la sexualidad humana se vuelve tan compleja: una emoción puede adquirir un significado erótico sin que la persona desee necesariamente experimentar en la realidad aquello que imagina.




Comentarios
Cargando comentarios...