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Michaelina Wautier

Hay cuadros que cuentan una historia y otros que, además, cuentan otra historia escondida dentro de la primera. El triunfo de Baco de Michaelina Wautier pertenece descaradamente al segundo grupo.

Baco recostado en un carro, rodeado de figuras y animales en una procesión; a la derecha, una mujer mira hacia el espectador.
El triunfo de Baco, de Michaelina Wautier. Óleo sobre lienzo. Kunsthistorisches Museum, Viena.Michaelina Wautier / Kunsthistorisches Museum, Viena / Wikimedia Commons

Hay cuadros que cuentan una historia y otros que, además, cuentan otra historia escondida dentro de la primera. El triunfo de Baco, de Michaelina Wautier, pertenece descaradamente al segundo grupo.

A primera vista, tenemos todo lo que uno espera de una bacanal barroca: cuerpos desnudos, vino, animales, música, vegetación, personajes entregados a la fiesta y un Baco/Dioniso bastante pasado de vueltas, transportado sobre un carro. Una auténtica celebración del exceso.

Pero entonces ocurre algo extraño.

A la derecha del cuadro, entre toda aquella multitud entregada al vino, aparece una mujer que nos mira directamente. Está semidesnuda, lleva una vara adornada con hojas de vid y parece participar en la procesión. Pero su expresión no encaja del todo con el jolgorio general. No está mirando a Baco. Nos está mirando a nosotros.

Michaelina Wautier se ha introducido dentro de su cuadro.

Wautier nació en Mons, en los Países Bajos meridionales —actual Bélgica—, y desarrolló su carrera en Bruselas durante el siglo XVII. La fecha exacta de su nacimiento ha sido objeto de discusión; la investigación actual la sitúa en 1604, aunque el propio Kunsthistorisches Museum ha manejado también fechas aproximadas en torno a 1614. Lo que sí sabemos con seguridad es que murió en Bruselas en 1689.

Autorretrato de Michaelina Wautier sentada ante un caballete, con una paleta y varios pinceles en las manos.

Autorretrato con caballete, de Michaelina Wautier, década de 1640. Óleo sobre lienzo. Colección privada. Crédito: Michaelina Wautier / Wikimedia Commons.

Y aquí empieza la parte verdaderamente interesante.

Porque era mujer, era pintora y, además, quiso pintar cosas que se suponía que no eran para ella.

En el siglo XVII, una mujer podía dedicarse a la pintura, pero las posibilidades no eran precisamente las mismas que para sus colegas masculinos. El bodegón, las flores o determinadas escenas de género eran terrenos relativamente accesibles. La gran pintura de historia —mitología, religión, grandes composiciones con multitud de figuras— tenía otro estatus. Exigía conocimientos de anatomía, composición, perspectiva, iconografía y, sobre todo, acceso a modelos y a una formación artística que no estaba fácilmente disponible para las mujeres.

El propio Kunsthistorisches Museum destaca que su dominio de la pintura histórica y su representación de cuerpos masculinos desnudos fueron extraordinarios para una mujer de su época.

Es como si Wautier hubiera dicho: ¿Que las mujeres pintamos flores? Perfecto. Pues ahora voy a pintar una multitud de hombres desnudos a tamaño monumental.

Su autorretrato

La mujer situada en el extremo derecho es la artista. Y no se limita a colocar su rostro discretamente entre la multitud. Se representa con una actitud frontal y desafiante, estableciendo contacto visual con quien contempla la pintura.

Porque mientras todos parecen estar participando en la bacanal, ella parece estar perfectamente consciente de que está dentro de un cuadro.

El Kunsthistorisches Museum considera precisamente este autorretrato uno de los aspectos más sorprendentes de la obra y señala la combinación de valentía e ironía que implica representarse de esa manera en una escena tan cargada de vino, desnudez y sensualidad.

Desde el punto de vista pictórico, el cuadro es un magnífico ejemplo del barroco flamenco del siglo XVII.

Sabemos muy poco de ella.

Se cree que trabajó estrechamente con su hermano Charles Wautier, también pintor, y probablemente compartieron estudio. Pero no conocemos con certeza dónde recibió su formación artística. Tampoco existe una abundante documentación contemporánea que nos permita reconstruir su carrera paso a paso.

También sabemos que nunca se casó y que vivió con su hermano Charles, algo que, en su caso, pudo proporcionarle una estructura doméstica y profesional bastante diferente de la que tenían muchas mujeres de su época.

En 2025-2026, el Kunsthistorisches Museum de Viena organizó la exposición Michaelina Wautier, Painter, presentada como la mayor exposición dedicada hasta entonces a la artista, en colaboración con la Royal Academy de Londres. El propio museo la define como una de las grandes redescubiertas de la historia reciente del arte.

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